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Silent voices [Colette]

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Silent voices [Colette]

Mensaje por Alexander Lewis el Mar Abr 14, 2015 8:05 pm



Higurashi no naku koro ni...
Cuando las cigarras lloran...

Por la noche las cigarras lloran desconsoladas. Solo tienes que cerrar los ojos, evadirte del mundo visual y concentrarte exclusivamente en aquello que te dicen los oídos, entonces y solo entonces serás capaz de captar esa melancólica llamada que transmiten junto a su monótono criar. Cri, cri. Cri, cri. Sonido fútil y a la vez exasperante, por su inmortal caracterización, por su sencilla y suave melodía cantada a coro. Sí, a coro... por decenas, quizá centenares o millares de aquellos insectos. No sonaba como alguien que estuviera entonando una canción, sino más bien como alguien que expulsa toda la fuerza de su aliento para exclamar y expresar la tremenda agonía que sufre su cuerpo. No son, sin embargo, actrices de un escenario de masacre sin razón... no, las cigarras gritan, exclaman, pero no puedes saber la razón por la que lo hacen. ¿Demencia? No creo. ¿Exageración? Probablemente no. Simplemente me parece... pienso que... quizá es esa su única forma de expresarse. Y si lo es... cuán doloroso ha de ser el poder darse a conocer únicamente con sonidos tan leves y lastimeros.

Mis ojos se abrieron con suma lentitud, como persianas subidas para dejar que la luz de la luna llena bañe el interior de un salón. La ligera brisa agitó mis blanquecinos cabellos con levedad, al igual que el ropaje azabache con el que estaba ataviado. Mi postura, en lo alto de aquella casa que había decidido proteger, se encontraba firme, erguida y tensa. Los ojos nacidos del helado glaciar miraban hacia el frente clavándose en el manto azul oscuro del cielo nocturno. Un escalofrío recorrió mi espalda. Algo estaba por llegar. No sabía exactamente qué, no tenía ningún tipo de información que me pudiera asegurar que estaba en lo cierto, pero... lo sentía, algo estaba por llegar. Era ese tipo de sensación que invadía tu cuerpo y te hacía creer en aquellas cosas que van más allá de la lógica. Intentas pensar sobre ellas, intentas razonar y te das cuenta de que no existen fundamentos que las corroboren, pero... están ahí, siguen ahí y sabes que seguirán aun cuando intentes negar su existencia. Lo sabía porque lo había sentido previamente, y por eso mismo era consciente de que no tenía sentido luchar contra ello.

Di unos pasos hacia el frente, acercándome al borde del techo del edificio, y con un ágil salto bajé de él, colocándome con habilidad en el acto en el alféizar de la habitación que había apenas dos metros abajo, la misma que daba a la habitación de la joven de rubios cabellos. Miré hacia el interior de la misma, eran cerca de la una de la noche, por lo que no sabía si Colette se habría dormido ya o aun estaría despierta. Podría lidiar con todo esto por mi cuenta y simplemente evitar que se preocupara por cosas innecesarias y tan imprecisas, pero... sentía que no sería justo con ella de este modo. Debía investigar un poco sobre el tema, así que ella debería estar avisada previamente para poder actuar en consecuencia. La ventana de la joven, la cual habíamos arreglado después de que un hollow la rompiera en pedazos, se encontraba bajada para que no penetrara el frío invernal en la habitación, pero no tenía pestillo ni tampoco estaba cerrada con llave, por lo que pude subirla sin ningún tipo de problema.

-Colette, ¿Estás despierta?

Me adentré en el lugar con un salto felino, pasando al suelo con silencioso movimiento y buscando a la joven con la mirada. La habitación estaba casi totalmente a oscuras, la luz lunar no lograba entrar en ella gracias al árbol que tenía en frente, el cual la opacaba, de cualquier modo ver entre sombras era algo a lo que mi vista estaba acostumbrada. En cuanto visualicé la figura de la cama de la joven me acerqué a ella, colocándome de cuclillas a su lado y tratando de determinar si de verdad estaba despierta o dormida. En el caso en que se diera la segunda opción tendría que pincharle en la mejilla hasta que lo estuviera.

-Escucha, esta noche quiero que estés alerta, tengo un mal presentimiento.-le decía mientras no podía evitar lanzar una mirada a mi espalda, esa sensación no me dejaría estar tranquilo ni por un solo segundo- Bajaré a la calle un momento a echar un vistazo por la manzana. Tienes que estar despierta mientras lo hago, solo para ser precavidos.-volví a girar mi gesto en dirección a ella para observarla esta vez con detenimiento y una leve sonrisa entre mis labios; aparté los mechones de su frente para poder verle el gesto claramente y también que ella me viera a mí- No te preocupes, probablemente solo sea un fallo mío y no pase nada. Estaré de vuelta antes de que te des cuenta.

Tomé una de sus manos entre las dos mías y seguidamente deposité un leve beso sobre ella, devolviéndola a su lugar e incorporándome de nuevo, dispuesto a darme la vuelta y avanzar de nuevo hacia la ventana para salir por ella del mismo modo que había entrado. Quería librarme de esta sensación cuanto antes, era realmente molesta... y me preocupaba lo que verdaderamente pudiera significar.
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Re: Silent voices [Colette]

Mensaje por Colette el Miér Abr 15, 2015 9:50 am

Sintió un ruido suave en la ventana, el sonido de ésta abriéndose logró despertarla sin embargo los párpados le pesaban lo suficiente como para no abrir los ojos con facilidad. Rotó su cuerpo hacía en donde su invitado se hallaba para luego abrir sus orbes con dificultad.

Escuchó su nombre obligándose a despertar quisiera o no, si él estaba ahí era por algo o eso suponía. Se acomodó en su cama lentamente sin responder, estaba segura que su cuerpo (y quizás su mente también) seguían dormidos hasta cierto punto. Restregó sus ojos suavemente soltando un bostezo que ahogó con una de sus manos ¿Pasaría algo? Cuando él estuvo a su lado escuchó sus palabras sin saber qué decir. Pensó en muchas opciones rogando que solo fuese un presentimiento errado, aunque algo le decía que seguramente no lo era.

Soltó un suspiro suave al verlo irse, debía quedarse despierta y esperar, pero era algo sumamente difícil a tales horas. Sintió como sus párpados pesaban, si seguía recostada caería ante los trucos de Morfeo sin poner resistencia alguna. Con todas sus energías se levantó y caminó hacia el baño de su cuarto, preguntándose cuánto tardaría el muchacho, esperaba que poco o seguramente enloquecería por la tensión.

Mojó su rostro para despertarse, el frío producido pareció lograr quitarle aquel adormecimiento. Se miró unos segundos preguntándose qué pasaría, no tenía miedo pero sí estaba inquieta, más si sabía que su protector no se encontraba en las cercanías. Salió del baño apagando la luz cuando lo sintió, en el piso de abajo alguien se movía ¿Sería Alexander? Su sangre se heló al pensar la respuesta: No, era obvio que no era él, después de todo el muchacho no usaba la puerta ¡Entraba por la ventana! No había sentido ningún tipo de forcejeo en su puerta principal, tampoco un vidrio quebrándose ¿Qué era eso entonces? Su mente pareció reaccionar cuando lo que estaba dentro de la casa comenzó a subir las escaleras, en un paso lento. Caminó intentando no hacer ruido alguno hacia la puerta de su cuarto, cerrándola con cuidado sin echar ningún vistazo, no quería saber qué era eso.

Pensó en qué podía ser aquel ser, un Hollow fue lo primero que llegó a su mente. La encontraría no importaba en donde se escondiera a menos que…

La… Magia — obviamente sabía que eso no era magia, pero no recordaba su nombre y no tenía tiempo que perder recordándolo

Juntó sus manos pidiéndole a la energía que desapareciera, intentaba controlarla todos los días pero no sabía si tenía resultados muy positivos, aun así lograba hacer pequeñas esferas por unos pocos segundos ¡Quizás menos! Quiso desaparecer, mantenerse tan oculta que nadie pudiese encontrarla. Miró cada parte de su cuarto preguntándose en dónde podría esconderse ¿En el baño? Era un lugar lógico, pero si lo que estaba ascendiendo lentamente no era humano entonces no serviría de nada. Posó sus ojos en el mejor escondite que tenía, caminando hacia él en silencio.

Se adentró en una intensa oscuridad siendo acariciada por telas de distintas texturas. Intentó cerrar la puerta por dentro, pero le pareció imposible, aun así lo intentó. Cuando la puerta de su cuarto de abrió suavemente lanzando un chillido, dejó de tratar sellar su escondite y simplemente se quedó dentro, detrás de un montón de telas. Podía ver su cuarto por aquella franja abierta, pero realmente era lo último que quería ¡Prefería mil veces no ver! Tapó sus labios para no soltar ningún sonido, mientras cada parte de su cuerpo se movía por el terror. Cerró sus ojos rogándole a la energía que desapareciera, si mostraba rastro alguno entonces el juego de las escondidas se acabaría irremediablemente.

No vio nada, su campo de visión estaba limitado a aquella abertura pequeña, sin embargo sintió como la puerta del baño se abría con lentitud, lanzando otro chillido más agudo. El silencio nuevamente reinó el lugar, como si lo que estuviese en su cuarto no quisiera hacer ningún ruido, no sentía pisadas. Su respiración se agitó pero aun podía mantenerse en su centro, seguramente si no la encontraba se iría ¡Quizás pensaría que se habría ido por la ventana!

Perdió toda su cordura cuando finalmente lo vio, no pudo reconocerlo debido a la oscuridad, pero a simple vista era una larga silueta negra, que se movía con calma casi como si flotara. Tragó saliva viendo como aquella cosa se acercaba a su cama. En un movimiento inhumano bajó lo que parecía ser su cabeza asomándose bajo su cama, seguramente buscándola. Sus ojos se llenaron de lágrimas ¿Qué era eso? No tenía idea, pero parecía una terrible pesadilla, una de la cual quería despertar. Sintió un azote de adrenalina mezclada con un intenso y puro terror cuando se volteó mirando su único escondite, no quedaban mas lugares en donde se pudiese esconder.

Vete — pensó cerrando sus ojos con fuerza, pensando en lo cerca que estaba de desaparecer, no entendía por qué le ocurría todo aquello, pero lo que sí sabía era que terminaría enloqueciendo — Por favor

Con un paso calmado llegó al frente de la puerta, la poca visión que tenía desapareció y la oscuridad absoluta la envolvió. Se acurrucó aun con los ojos cerrados, sintiendo como las lágrimas corrían por sus mejillas en un llanto silencioso.

Nuevamente el chirrido comenzó, sabía que sería su fin cuando las puertas finalmente se abrieran ¿Moriría de esa manera? Le parecía tan burdo que hasta pensó que todo era una broma, pero no lo era. Un sonido tan intenso resonó a la distancia, un chillido ¡No! Un grito de mujer llegó hasta sus oídos nublando sus sentidos, para luego ser acompañado por chillidos llenos de dolor. Aquel ser que la asechaba pareció ser atraído por el ruido, olvidándose de ella. Pudo ver detrás de la cortina de abrigos como se alejaba de su posición. Un alivió se posó en su cuerpo al verlo partir, pensó en salir pero su cuerpo no se movió, éste simplemente tiritaba sin parar.

Miró por última vez la abertura para luego escuchar como las puertas delante de ella se cerraban, ya no podría salir.
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Re: Silent voices [Colette]

Mensaje por Alexander Lewis el Miér Abr 15, 2015 5:32 pm

Muertos que andan, que se levantan de sus tumbas y comienzan su recorrido hacia el lago estigia. Muertos que creen tener vida, un futuro, un destino, algo. Muertos que murmuran, que lloran, que se rinden. Muertos que no aceptan la paz que la parca les ofrece, y deciden tomar un destino hartas veces más cruel y doloroso. Muertos que no saben. Muertos que no existen. Muertos sin libertad. Marionetas del bajo mundo que pronto se convertirán en... nada.


Las sombras danzaban intermitentes a lo largo de las aceras y el asfalto de la carretera. Las farolas que alumbraban la calle no dejaban de tintinear, amenazando con apagarse del todo en un momento inoportuno y dejar el lúgubre sumido en oscuridad y silencio. No, silencio no. Las cigarras seguían ahí, cantando, gritando, desgarrando, y no desaparecerían en todas las horas que durara la noche. Tonos grises junto al absoluto término del blanco y el negro. Aquel lugar estaba tan ausente de vida como el mismísimo mundo de los muertos pudiera estarlo.

Una vez salí de la habitación de Colette no me desplacé de ciento cincuenta metros hasta alcanzar el largo asfalto que cruzaba toda la calle residencial. El va y ven de las luces resultaba molesto, ya que no dejaba que mi mirada se acostumbrara a la luz o a la oscuridad, sino que me hacía variar de un estado al otro sin tiempo para detectar nada con suficiente precisión. Sin embargo, no pude hacer más que callar, caminar, y observar a mi alrededor. No había nada destacable, ni en la acera ni tampoco en la zona de hierba y árboles que la precedía. Me pregunté si las cigarras estarían escondidas entre aquellos hierbajos, pero no tardé en descartar ese tema como algo que tuviera la más mínima importancia. Seguí caminando paso a paso hasta adentrarme directamente en el asfalto, colocándome justo en el centro del lugar por el que deberían pasar los coches. No es como si fuera a ser atropellado aunque apareciera uno repentinamente; mi cuerpo espiritual no podía ser afectado por elementos físicos de ese talante. Miré a derecha y a izquierda. Nada, absolutamente nada, al menos nada que mi limitada vista pudiera ver en la cercanía. Quizá si aquellas luces dejaran de ir y venir podría detectar algo...

¡Flash! En el acto en que lo pensé cada poro de mi cuerpo desprendió con violencia el poder espiritual latente en mi interior. Una a una, las bombillas de aquellas lámparas repartidas a lo largo de la calle empezaron a reproducir su sonido de quiebre y caer al suelo en pequeños pedazos. Mi presencia logró abarcar una zona de cien metros, mas incluso más allá de esta la luz de las farolas se unió al destino de sus hermanas y dejó de tintinear definitivamente. La oscuridad me envolvió, siendo mi cuerpo solo revelado por la tenue claridad lunar. Nada más podía ver que destacara, nada más excepto... brillantes puntos que se acercaban en mi dirección desde el lado derecho del asfalto. Fruncí el entrecejo. ¿Qué era aquello? Los faros de un coche? No, no podía ser... eran muchos más pequeños, apenas ligeros puntos lejanos, pero abundantes... ¿Luciérnagas? No, no tenía sentido tampoco, ni siquiera una visión de animal podría detectarlas a esta distancia con semejante facilidad... ¿Entonces qué? Tenía que saberlo... y no podía esperar a que llegaran hasta mí. Tendría que alejarme un poco más de la zona, pero... era necesario.

Hube de avanzar en su dirección hasta otros dos cientos metros con tal de definir con más claridad la figura de aquellos focos de iluminación, y aun otros doscientos hasta alcanzar su posición y descubrir con certeza de lo que se trataba.

-Son... ¿Almas?-me pregunté a mí mismo, extrañado por el intenso brillo blanquecino que desprendían sus cuerpos; debían haber entre treinta y cincuenta de ellas- ¡Eh! ¡Escuchad! ¿A dónde estáis yendo?

Sin respuesta, todas ellas pasaban por mi lado con paso aletargado, la mirada clavada en el frente, sin reparar en mi presencia en lo más mínimo, como si no existiera. Fruncí el entrecejo molesto por la ausencia de reacción, y seguidamente desenvainé mi zampakutoh y golpeé en la frente de la primera de las almas que venían por el frente: la de una mujer que rondaría entre los treinta y los cuarenta años. El sello del mango apareció en el lugar golpeado y brillo con un tono azulado por unos segundos. La figura empezó a desvanecerse, parecía que fuera a seguir el patrón habitual de descomposición espiritual, pero... no sucedió. Antes de que lo hiciera la blanca luz que emanaba aquel cuerpo se intensificó y en el acto quebró por completo el azulado sello que debía enviar a la muerta a la sociedad de almas. Quedé pasmado. ¿Qué... qué significaba aquello? ¿No podía enviarlos de vuelta? Eso era... eso era simplemente inconcebible, ¿Qué iba a hacer si no...? ¿Qué debía...?

Un grito agudo. Mi línea de pensamiento se rompió. Mi respiración se paró en seco y una mirada de pánico apareció en mis ojos mientras mi cuello se giraba en dirección a mi espalda, hacia el lugar del que yo había salido minutos atrás: la casa de Colette. ¡Mierda! No tuve tiempo para razonar que aquel tono de voz era demasiado diferente al suyo, incluso al tratarse de un grito, solo podía pensar en una cosa: no sentía su presencia espiritual. ¡¡¡Había desaparecido por completo y ni siquiera me había dado cuenta!!! ¡¡¡Mierda!!! ¡¡¡Idiota, idiota, idiota, idiota, IDIOTA!!!

Mis piernas se movieron frenéticamente, golpeando el suelo con tal fuerza que a cada zancada mis músculos se resentían, pero permitiéndome acortar los metros lo más rápido que me era posible. Lo que antes me había llevado de recorrer cerca de un minuto lo hice ahora en veinte segundos, presentándome en el acto en la línea de casas que formaba mi destino con la de sus vecinos. Me quedé frente a la gran estructura de aquella edificación, mirándola mientras jadeaba y dirigía mi mirada en dirección a la mirada abierta. En ese mismo instante, una figura que no había localizado previamente se movió a mi izquierda. Me puse en guardia en el acto, esgrimiendo mi zampakutoh al frente mío y mirando amenazadoramente hacia aquel lugar, justo a tiempo para ver como una blanquecina figura, tan brillante y adormecida como las anteriores, salía de aquella casa. Un alma... con el mismo extraño brillo que había visto en las otras que me encontré. Y después de esa, surgieron otras cinco, diez, quince, veinte... a lo largo de toda la calle empezaron a surgir errantes semejantes figuras a las que había visto de camino. Una vez más, con gesto asustado, alcé la mirada en dirección a la ventana. ¡Colette! ¿¡También se habría unido a ellas!? No, no podía ser, no podía estar pasando...

Antes de que pudiera percibir la presencia del hollow sentí como su garra degarraba el traje y la carne en mi espalda. Por suerte las garras de aquella criatura no parecían ser especialmente afiladas ni él demasiado fuerte, si hubiera sido algo más que un neófito sin duda me habría partido en dos con un ataque como aquel. De cualquier modo, la herida quedó abierta, haciéndome ahogar en mi garganta un grito de dolor y dar un salto hacia delante antes de que me causara mayor daño del ya sufrido. En cuanto mi mirada se clavó sobre su cuerpo azabache, cual gesto de salvaje depredador, moví mi brazo derecho futilmente y con un movimiento casi invisible lancé el Tanto en mi mano sobre su faz, clavándolo directamente en su frente. La criatura rugió, alzando su gesto al cielo y gritando con todas sus fuerzas, arrancando al tiempo el arma clavada sobre su faz y lanzándola a un lado. Estaba dispuesto a saltar de nuevo hacia él y acabar con su existencia sin que pudiera hacer nada, pero... de nuevo se me adelantó. A su espalda una negra grieta se abrió, aquella puerta que conectaba el mundo humano con el propio mundo de esos sombríos seres, la "garganta". No hice nada para impedir que huyera por el momento, sin duda le volvería a enfrentar y no quería abrir la herida con movimientos bruscos. El enemigo apareció frente a mi mirada.

Después de eso no me importó moverme con toda la brusquedad posible, dirigiéndome en el acto hacia el árbol que se alzaba a mi derecha, saltando sobre su primera rama y desde esta automáticamente pasando al interior de la habitación, haciendo mi entrada a voz en grito:

-¡¡Colette!! ¿¡Dónde estás, Colette!? ¡Responde, por favor, responde!

El dolor en mi espalda se intensificó cerca de diez veces, instándome a inclinarme y casi clavar la rodilla en el suelo. Sin duda no debía tener un gran aspecto en ese momento, pero... tenía que saber dónde estaba. Tenía que saber que estaba bien. Tenía que saber que esa sensación de que su presencia espiritual había desaparecido no era más que una ilusión. Si no lo hacía... si no lo hacía... si no lo hacía no sabría que podría hacer yo.

Sin que pudiera verlo con mis propios ojos, tras de mí, una nueva y larga línea de luces blancas aparecía moviéndose con monónotos pasos y gran parsimonia.
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Re: Silent voices [Colette]

Mensaje por Colette el Miér Abr 15, 2015 7:57 pm

Soltó un chillido de horror al sentir como la puerta de cerraba con fuerza, no lo pudo evitar ¡Casi lo habían hecho de adrede! Había revelado su posición, estaba dentro y la cosa ahí afuera lo sabía muy bien. Su cuerpo tiritó de forma exagerada esperando el momento, las lágrimas no dejaban de correr por sus mejillas, seguramente moriría. Lentamente la puerta se abrió mostrando a aquel ser que de hacía unos minutos la asechaba buscándola. Lo miró llena de horror, notando como se movía pausadamente entrando al pequeño cuarto en donde la ropa reposaba. Soltó un chillido de horror sin soportarlo más ¡Ya no podía acallar su horror! Sintió como algo se posaba en su pierna, para luego subir lentamente hasta su vientre, al parecer su perseguidor disfrutaba el verla sufrir ¡Con demasía!

Chilló descontrolada intentando soltarse del agarre el cual no parecía tener intenciones de dejarla ir. Un golpe con fuerza le quitó el aliento, obligándola a cerrar sus ojos. Pudo sentir como se desvanecía, la energía de su cuerpo desaparecía.

Abrió los ojos tomando aire sin encontrarse a tal criatura frente a ella ¿Sería un sueño? Seguía en el armario por lo que su mente recapituló los hechos. Miró hacia todos lados encontrándose a sí misma durmiendo. Estaba en shock ¡Si había otra como ella! Eran idénticas, solo que la otra rubia parecía inconciente. Se acercó a sí misma para tocarse, cuando sintió como algo le jalaba su pierna fuera del pequeño espacio que la resguardaba. Soltó un grito lleno de horror mientras sus manos luchaban por agarrarse de algo ¡La ropa, cualquier cosa estaría bien! Su cuerpo traspasó lo material, asustándola ¿Ella no era real? Se agarró del suelo intentando poner resistencia ¡Pero era inútil! Volteó su cuerpo, encontrándose nuevamente con la figura esbelta, pero ésta vez la había atrapado.

¡Suéltame! — le pidió en un ruego que pareció más orden ¿En dónde estaría su protector? Pensó que si él no se hubiese ido quizás no estaría en problemas, sin embargo no podía negarle el hacer su trabajo — Por favor, te lo ruego

Escuchó una risita grotesca salir del interior de su agresor, seguramente se divertía al verla de esa manera ¡Llena de lágrimas y suplicante! Sin delicadeza alguna la tomó, dejándola de cabeza ¡Obligándola a chillar mucho más! Nuevamente ese extraño tacto pasó suavemente por su cuerpo sacándole un terrible escalofrío, pero ésta vez se unía una horrible sensación de asco. Pensó en si jugaría mucho más con ella, otro de sus compañeros le había roto el brazo ¿Qué le esperaría ahora? Además… ¿Causaría repercusiones en su cuerpo de verdad? Era tonto pensar lo último al borde de la muerte, pero una parte de ella creía que el muchacho llegaría a salvarla ¡Como siempre lo hacía!

Pudo ver como la movía hacia arriba, casi como si la fuese a engullir de un bocado ¡Realmente lo haría! Cerró sus ojos esperando lo peor, cuando el ser la dejó caer sin delicadeza alguna. Lo vio alejarse ¡No importaba por qué! Corrió hacia el closet escondiéndose nuevamente, era tonto volver a donde la habían encontrado… pero ahí estaba lo que suponía era su cuerpo.

Se miró a si misma con la cara llena de lágrimas ¿Estaba muerta? Miró su pecho notando como de éste salía una extraña cadena. La tomó tirando de ésta suavemente… estaba dentro de su cuerpo ¡No recordaba eso! Siguió los eslabones hasta encontrarse con su piel, aún seguía  unida a él ¿Sería eso lo que sentía Lemrina? ¡Qué terrible!

Acurrucó su cuerpo al lado de la cáscara vacía que tenía a su lado, esperando un milagro, mientras sus ojos no dejaban de llorar ¡Qué destino mas cruel! Había dicho que no temía al morir, pero no de esa forma, le faltaba tanto por vivir ¡Por qué le hacían eso!

Una voz la llamó, lo escuchó unos segundos para luego salir de forma torpe del closet encontrándoselo al otro lado del cuarto. Llevó su mano hacia sus labios sorprendida ¡Estaba herido! Corrió hacia él sin embargo algo la detuvo. El sonido tintineante de las cadenas se hiso presente. Intentó alcanzarlo pero no podía… estaba sujeta a su cuerpo ¡No la dejaba ir! Sus piernas fallaron mientras se lanzaba a llorar desconsolada.

Tapó sus labios con ambas manos sin poder resistir la presión ¡Ya no podía con ello! Tembló en el suelo sin detenerse, tampoco parecía poder hacerlo ni aunque lo quisiera.

¡L-l-lo siento! — articuló con un gemido lleno de angustia — M…Me he muerto, me he muerto Alex

Estiró su mano hacia el muchacho sin alcanzarlo, aun así lo intentó lastimándose a sí misma, porque por su mente siempre pasaba ese pensamiento, él se iría y ella no sería capaz de seguirlo, era como si sus peores pesadillas se hicieran realidad.
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Re: Silent voices [Colette]

Mensaje por Alexander Lewis el Jue Abr 16, 2015 9:10 am

La respuesta a mi querencia me fue entregada antes de lo que siquiera esperaba, con aquella aguda voz de la joven enunciando lo que parecía ser una disculpa. ¿Lo siento? ¿Por qué razón? ¿No entendía la tranquilidad y la paz que me confería al saber que seguía viva y que no había sido atacada por el mismo hollow que me acababa de causar la herida de mi espalda? Era ridículo... entonces escuché la segunda parte. ¿Muerta? Busqué su voz con mi mirada, localizándola a pesar de la penumbra en la habitación y acercándome hacia su localización a largas zancadas. En cuanto la tuve frente a mí pude entender a lo que se refería.

La frialdad del tacto de aquellas cadenas que surgían de su pecho se transmitía aun sin la necesidad de tocarla. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo mientras mis azulados orbes clavaban su mirada allá donde había surgido el férreo elemento. Quise acercarme a ella, abrazarla y estrujarla con fuerza entre mis brazos, pero no pude. Las manos me temblaban, los labios también, e incluso había dejado de respirar y sentía como si mi corazón también hubiera cesado en su constante palpitar. No era posible... aquello no era posible... yo... ni siquiera lo había sentido. Ni siquiera había percibido el peligro en el que se encontraba. Yo... ¿Qué tipo de protector era? ¿De verdad podía hacerme llamar su guardián, su compañero, su amigo... aquella persona a la que entregara sus sentimientos y con la que compartiera tanto en tan poco tiempo? Yo... había fracasado en la misión más importante que me había propuesto: protegerla.

Caí al suelo de rodillas, aun incapaz de reaccionar y pensar con claridad, con los ojos casi en blanco y la mirada perdida en el vacío. Mis labios aun temblaban, mas logré moverlos con la suficiente sutileza como para esgrimir un delicado "lo siento", sin pronunciarlo siquiera, solo formando las palabras y guardándolas en el interior de mi garganta. Repetí lo mismo una segunda vez... y una tercera... una cuarta y una quinta vez. Seguidamente apreté los puños, los dientes y cerré los ojos con fuerza, preparado para dejar que las primeras lágrimas de frustración surgieran de mis ojos.

"¡Idiota, no te dejes llevar! ¡La cadena, mira hacia dónde lleva la adena!"

Aquella voz de origen desconocido, reproducida tan solo en el interior de mi mete, tuvo la función de bofetón, para arrebatarme el aturdimiento en el que me había sumido, y luz guía, señalándome el curso que debía seguir mi mirada. En efecto, pronto me di cuenta que la longitud de la cadena era demasiado larga, llegando a meterse incluso en un ropero que había a la espalda de allá donde se encontraba Colette. Normalmente la longitud de esta cadena no era mayor a un metro o un metro y medio en las almas muertas, sin embargo la de ella doblaba este límite, lo que solo se podía deber a una circunstancia...

-No. No estás muerta... aun no.

Me incorporé en el acto y di un paso hacia la espalda de ella, abriendo las puertas del ropero y clavando mi mirada en aquella figura inconsciente que había en su interior. Sentí como una puñalada atravesaba mi corazón, de verdad parecía que su cuerpo estaba muerto, pero... aun podíamos recuperarlo. Acerqué mi mano a su frente, la temperatura había bajado bastante pero no lo suficiente como para considerarla como perdida. Tomé el ligero y esbelto cuerpo de la rubia en brazos, retrocediendo de nuevo hasta colocarme frente a la intranquila alma que era ella en ese momento y depositando el cuerpo en el suelo lentamente, con cuidado y delicadeza. Observé el gesto de ella para determinar su estado mental; la intranquilidad y el miedo eran protagonistas en esos ojos color esmeralda, su alma y su poder espiritual estaban despuntando y agitándose nerviosamente. Si seguía así no lograría volver a unirse. Tenía que lograr tranquiliarla. Me acerqué lo suficiente a ella como para atraerla hacia mí, abarcando su pequeño cuerpo con mis dos brazos y tratando de confortarla con un abrazo.

-Escucha mi voz. No pasa nada, no tengas miedo, todo va a salir bien. Solo confía en mí y haz lo que te diga por ahora.-me alejé de ella ligeramente, pero aun mantuve el contacto cogiendo sus manos con las mías correspondientes- Respira hondo... tienes que tranquilizarte. Recupera tu ritmo, olvídate de todo ese miedo. Tienes que ser fuerte, tienes que recordar esos intensos deseos de seguir con vida y concentrarte solo en ellos.-esperé a que siguiera los pasos que le había indicado, y cuando lo hubo hecho empecé a guiarla para que colocara su figura anímica justo allá donde había colocado el cuerpo, entrando en el mismo y volviendo a formar parte de este- Ahora vuelve a sentir tu cuerpo. Siente los latidos de tu corazón, el subir y bajar del pecho, mueve tus dedos y abre los ojos.

Para este punto todo debería haber acabado ya, si sus sentidos y sus sensaciones se conectaban correctamente la cadena metálica de su pecho acabaría por desaparecer y el alma se conectaría de nuevo a aquel cuerpo que había dejado marchar instantes atrás. Quedé mirando su cuerpo fijamente, intentando cerciorarme de que había vuelto a su cuerpo original. Estaba seguro de que lo había hecho, estaba seguro de que podría conseguirlo. Resultaba incluso extraño que me sintiera tan calmado después de cómo había reaccionado al entrar en la habitación y descubrirla a ella en su estado. Debía asegurarme de agradecer a esa voz interior que me hubiera devuelto a mí a mis sentidos, ahora bien... primero tendría que descubrir a quién pertenecía.
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Re: Silent voices [Colette]

Mensaje por Colette el Jue Abr 16, 2015 1:56 pm

Se tapó su rostro con ambas manos mientras los pequeños gemidos pasaban a ser quejidos llenos de angustia ¡Estaba muerta! Le había dicho que estaba lista para morir, pero ahora sabía que era una mentira, no quería morir. Su llanto resonó por todo el cuarto sin que nadie la detuviese, rogaba porque él hiciera algo ¿Un milagro? Realmente lo esperaba, pero sabía que no era posible, lo había visto con sus propios ojos al ver partir a Lemrina.

Sin dejar de llorar lo miró en una imagen algo borrosa, el líquido no la dejaba ver con claridad. Sintió una necesidad de abrazarlo y pedirle que no se la llevara lejos, que regresara todo a la normalidad como si él fuese capaz de volver en el tiempo. El muchacho se veía igual de afectado que ella, seguramente ambos comenzarían a llorar en cualquier segundo, después de todo no había nada más que hacer.

-No. No estás muerta... aun no.

Sus ojos se abrieron por la impresión ¿Realmente era verdad? Sabía que él no jugaría con sus sentimientos de esa manera, más con un tema tan delicado. No pudo hablar, menos detener sus lágrimas a pesar de tal noticia, no estaba muerta ¿Podría volver a su cuerpo? Llevó sus manos hacia sus ojos limpiando el salado rastro de su angustia, sin embargo otras reemplazaron rápidamente a sus compañeras ¡Estaba desesperada!  Lo vio caminar hacia su espalda siguiendo aquel camino que formaba la unión del frío metal.

Pensó en levantarse pero sus piernas no le respondían ¿Sería de esa manera la muerte? Un extraño frío se hiso presente, hasta ahora no había notado tales detalles quizás porque su mente estaba en otro lado ¡Pero ahora lo hacía! No estaba muerta, pero tampoco viva ¿El destino era tan cruel para no dejarla permanecer en un lugar ni en sus últimos momentos? Mordió su labio suavemente llena de angustia sin saber qué hacer.
Vio su cuerpo descansar frente a ella llenándola de horror, parecía como si todo rastro de vida se hubiese ido. Tapó nuevamente sus labios cerrando sus ojos con fuerza, no quería ver eso ¡Era como recordarle su estado! Intentó permanecer centrada y no perder la cordura ¡Sus ganas de seguir adelante! Le había prometido al muchacho no rendirse, pero sentía como las situaciones la obligaban a darse por vencida, como si jugaran a ver cuánto podría resistir antes de finalmente acabar con el enfermizo juego.

Soltó un suspiro al sentir como él la abrazaba, sin embargo le pareció algo tan ajeno sin su cuerpo. Se acurrucó unos segundos siguiendo el llanto pero en silencio, estaba perdida ¡No sabía que tenía que hacer! Las palabras del muchacho no la tranquilizaron pero le dieron esperanzas, las que necesitaba para continuar.

Cerró sus ojos intentando seguir las indicaciones, pero le parecía imposible ¡Más luego de tal experiencia! Intentó olvidarse de todo, solo quería regresar.

Un sueño se apoderó de ella, uno tan fuerte que no le dio ni tiempo para luchar, simplemente se desvaneció. Frunció el ceño casi en un acto involuntario para luego abrir sus ojos con dificultad, tenía la visión nublada pero no por las lágrimas, parecía como si hubiese despertado de un profundo sueño.

A… — se vio incapaz de hablar, estaba tan somnolienta que simplemente logró articular el comienzo de lo que quería decir. Un cansancio enorme estaba sobre ella ¡Un letargo tan intenso!  

Levantó su mano sin saber bien en dónde estaba el muchacho, sin embargo aun así lo intentó. Tocó su mejilla suavemente por unos pocos segundos para luego dejarla caer sin delicadeza alguna, todo su cuerpo pesaba más de lo normal.

Estaba viva. Sintió como nuevamente el llanto aparecía, pero ésta vez era uno mudo. Miró el techo sintiendo como el tibio líquido recorría su rostro indicándole que estaba de vuelta, en mundo de los vivos. Tardó unos minutos en lograr recomponerse y poder sentarse en el suelo. No sabía qué decir ni que hacer ¡Acababa de ocurrir un milagro! Sonrió suavemente para luego acercarse al muchacho y abrazarlo suavemente, estaba segura que no tenía las energías suficientes como para hacerlo con fuerza.

Pensé que estaba muerta — siguió sonriendo mientras sus cuerdas vocales se dignaban finalmente a trabajar — Dije que estaba preparada para morir, pero no es verdad… no quiero morir — se aferró a él como si sus propias palabras le dolieran — Aquello que me atacó no era normal, estoy segura que se rio, oí su risa

Recordó el momento, el tacto ¡Todo! Unas terribles ganas de vomitar se apoderaron de ella al rememorar la situación. Su cuerpo tiritó por el frío, nuevamente la situación se llevaba a cabo mientras ella usaba ropa ligera, parecía una broma cruel, pero era verdad. Añoró que el muchacho pudiese otorgarle el calor que una persona normal produciría, aun así sabía que debía dejar de soñar cosas y enfrentar la realidad.

¿Qué está pasando? — preguntó cerrando sus ojos esperando lo peor, quería saber lo que ocurría, porque eso no era normal lo podía presentir — oí un grito, algo malo está ocurriendo… dime la verdad por favor

Se separó del muchacho sintiendo como sus piernas por fin respondían –no como quería- por lo que aprovecharía para prepararse ¡No podía seguir con pijama! Se levantó con algo de dificultad caminando hacia su anterior escondite. Miró con algo de resquemor el interior para luego sacar un par de prendas.

No mires — comentó seria mientras descartaba la idea de entrar al baño, no quería separarse en ningún momento del muchacho —  

Tocó su ropa como si el tacto la fascinará, después de todo luego de ser parcialmente incorpórea el sentirlo parecía un lujo que aprovecharía al máximo.
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